Difunto.
En un rincón del tiempo donde el dolor se cansa,
donde el odio se rinde y la esperanza avanza,
brotó un nuevo amanecer sin gritos ni cadenas,
solo cantos de vida, sin sombras ni condenas.
La guerra se ha jubilado, colgó su armadura,
se fue sin despedidas, vencida por ternura.
Y en su lugar, con paso firme y serenamente,
la paz, la vida y el amor han ocupado su trono eternamente.
Ya no hay pólvora en el aire, solo aromas de jazmín,
ni lágrimas de miedo, solo risas sin fin.
Los niños juegan libres bajo cielos sin heridas,
y los pueblos se abrazan, celebrando nuevas vidas.
Que se escriba en los libros, que se cante en los valles,
que florezca en los muros y en todos los detalles:
el mundo ha despertado de su largo quebranto,
y ahora late en un verso de amor, profundo y santo.
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