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domingo, 18 de octubre de 2026

El sufrimiento o pasar por dolor corporal y espiritual como prueba, no olvidar los orígenes y el propósito en el cristianismo

El sufrimiento o pasar por dolor corporal y espiritual como prueba, no olvidar los orígenes y el propósito en el cristianismo. 



Introducción 
La experiencia del sufrimiento (manifestada tanto en la maceración del cuerpo físico como en la angustia opresiva del espíritu) constituye una de las encrucijadas más complejas y determinantes de la existencia humana. Frente al dolor, la conciencia contemporánea oscila frecuentemente entre la desesperación nihilista, que percibe el padecimiento como un ciego e injustificable absurdo, y el utilitarismo técnico, que intenta anestesiar toda fragilidad sin descifrar su significado trascendente. Sin embargo, la cosmovisión cristiana aborda la afección corporal y espiritual desde una profundidad ontológica radical: no la interpreta como un destino fatal ni como un castigo divino arbitrario, sino como un crisol o prueba pedagógica que expone la finitud de la criatura y la purifica de la autosuficiencia. El propósito de este ensayo crítico es examinar cómo el tránsito por el dolor corporal y espiritual actúa como una prueba de fe que impide que el ser humano olvide sus orígenes divinos en la Imago Dei y lo reorienta hacia su propósito teleológico definitivo. A través de un diálogo hermenéutico entre la revelación bíblica, la teología dogmática y la filosofía de la religión (incorporando pensadores como Fiódor Dostoievski, Luigi Pareyson y Søren Kierkegaard), se sostendrá que el sufrimiento, lejos de destruir la condición humana, es transfigurado por el misterio pascual de Cristo, convirtiéndose en el espacio pedagógico donde el individuo recupera su dignidad originaria y ejercita la confianza filial.

La fenomenología del dolor corporal y espiritual: La angustia como prueba y la tentación del absurdo. 

El sufrimiento humano no se limita a una alteración biológica o a un desequilibrio afectivo; es una sacudida integral que quiebra la ilusión de autonomía del sujeto. En el plano somático, el dolor corporal deprime la vitalidad, desgasta la carne y enfrenta al individuo con su ineludible caducidad. En el plano neumático o espiritual, la angustia se presenta como un «vértigo de la libertad» ante la presencia del mal, la culpa o la vivencia del abandono.

Según explica Giménez-Salinas (2011), la irrupción del dolor inocente y el padecimiento inútil despiertan históricamente amargas sospechas sobre la justicia divina, llevando a mentes desesperadas a cuestionar la existencia misma de Dios o a declarar que el mundo carece de todo sentido. Esta problemática alcanza su punto culminante en la literatura de Fiódor Dostoievski, donde personajes como Iván Karamazov edifican su ateísmo sobre el escándalo del dolor infantil. Dostoievski (2000, como se citó en Giménez-Salinas, 2011) sintetiza esta rebelión racionalista mediante una formulación categórica sobre la inadmisibilidad del dolor inmerecido:

Un inocente no debe sufrir por otro, ¡y menos semejante inocente! (p. 101).

Sin embargo, cuando el sufrimiento se desvincula de una matriz teológica y se reduce a un evento puramente biológico o contingente, la existencia pierde su densidad dramática y se banaliza en un nihilismo confortatorio. Frente a esta postura, la teología bíblica sostiene que las experiencias amargas del desierto no son accidentes caóticos, sino momentos donde Dios prueba el corazón del creyente para despojarlo de falsas seguridades. Tal como argumenta Montecillos (s.f.), las aflicciones e impases del peregrinaje terrenal actúan como herramientas de examen espiritual:

Dios permite las experiencias amargas en la vida del creyente, para mostrarnos su amor y poder; provisiones necesarias para el peregrinar en este desierto que va hacia la tierra prometida. (p. 35).

Por ende, el dolor corporal y espiritual actúa como una dokime o prueba refinadora. El sufrimiento quema las impurezas del orgullo intelectivo y posiciona al ser humano en su verdadera escala de criatura: impotente para salvarse a sí misma, pero infinitamente abierta a la gracia redentora.

No olvidar los orígenes: La Imago Dei frente a la degradación utilitarista



Ante el embate de la enfermedad y el desamparo, el mayor peligro existencial no es la vulnerabilidad física, sino el olvido de los orígenes ontológicos. La cultura contemporánea tiende a valorar al individuo de acuerdo con su rendimiento económico o su capacidad funcional, relegando a los enfermos, ancianos y sufrientes a la categoría de «cuerpos descartables». Frente a esta cosificación, el cristianismo apela a la verdad protológica del ser humano: el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Imago Dei).

Según expone Mora Calvo (2004), la doctrina del Magisterio eclesial y de la antropología cristiana reafirma que el valor sagrado de la persona radica en su acto creador original y no en criterios utilitarios. Juan Pablo II (1983, como se citó en Mora Calvo, 2004) enfatiza que esta huella divina permanece inquebrantable aun cuando la condición humana se halla atravesada por la debilidad y el quebranto:

La fe nos enseña que el hombre es imagen y semejanza de Jehová (Cf. Gen. 1.27); esto significa que está dotado de una inmensa dignidad; y que cuando se atropella al hombre, cuando se violan sus derechos, cuando se cometen contra él flagrantes injusticias, cuando se le somete a las torturas... se comete un crimen y una gravísima ofensa a Jehová; entonces Cristo vuelve a recorrer el camino de la pasión y sufre los horrores de la crucifixión en el desvalido y oprimido. (p. 91).

Recordar los orígenes implica reconocer que el cuerpo doliente no es una máquina averiada, sino el templo de una criatura llamada a la comunión eterna. El sufrimiento bien encauzado desarticula la soberbia del sujeto que pretende ser el arquitecto absoluto de su destino. Al experimentar la «desnudez ontológica» en la enfermedad o la aflicción, el creyente es obligado a mirar atrás, al Huerto del Edén, reconociendo que su vida no proviene de sí mismo, sino que le ha sido dada como un don inmerecido que debe ser custodiado con fidelidad y humildad.

El propósito del sufrimiento en la pedagogía divina: De la Kenosis a la Transfiguración. 



El cristianismo no glorifica el dolor por el dolor mismo —lo cual constituiría una desviación masoquista o sádica—, sino que descubre su sentido a la luz del propósito redentor manifestado en Jesucristo. La respuesta cristiana al dilema del mal y del padecimiento no es una teoría teórica abstracta, sino un acontecimiento histórico()salvífico: la kenosis o anonadamiento del Verbo divino, quien asumió voluntariamente la carne doliente, la tentación y el martirio de la Cruz.

Pareyson (1995, como se citó en Giménez()Salinas, 2011) analiza la estructura del «cristianismo trágico» demostrando que la victoria sobre el mal no se realiza suprimiendo la tragedia de la existencia, sino penetrando en ella a través del co()sufrimiento divino y humano:

Es extremadamente trágico que sólo en el dolor Dios logre socorrer al hombre y el hombre logre redimirse y elevarse hasta Dios. Pero es precisamente en este co()sufrimiento divino y humano que el dolor se revela como la única fuerza que logra dar razón del mal. Este principio es uno de los pilares del pensamiento trágico: que entre el hombre y Dios no exista colaboración en la gracia si antes no la hay en el sufrimiento; que sin el dolor el mundo aparezca como enigmático y la vida absurda; que sin el dolor el mal permanezca no redimido y la alegría inaccesible.

En virtud de aquel co()sufrimiento el dolor se manifiesta como el nexo viviente entre la divinidad y la humanidad, como una nueva copula mundi; y es por esto que el sufrimiento viene a ser considerado como el perno de la rotación de lo negativo hacia lo positivo, el ritmo de la libertad, el punto de apoyo de la historia. (p. 104).

En la pedagogía del cristianismo, pasar por el dolor físico y espiritual cumple tres propósitos espirituales fundamentales:

Unir al creyente con la Pasión de Cristo: Al ofrecer el dolor corporal, el individuo no sufre en la soledad del aislamiento, sino que configura sus heridas con las de Aquel que «llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores» (Isaías 53:4; Mateo 8:17).
Promover la madurez existencial y la paciencia activa (hypomone): La aflicción probada con fe produce paciencia, la paciencia genera un carácter probado (dokime), y la prueba da lugar a una esperanza inquebrantable.
Restablecer la solidaridad profética: Quien ha atravesado el desierto de la angustia adquiere una sensibilidad renovada para compadecerse de los marginados y oprimidos de la historia, traduciendo su vivencia interior en obras de justicia y misericordia social (Salmos 103:6).

Como afirma críticamente Giménez()Salinas (2011):

Para el cristianismo, en cambio, el problema no es suprimir el sufrimiento, que sería como suprimir la realidad, sino de encontrar el sentido y confirmarlo: se trata de saber sufrir para hacer del dolor mismo no una disminución, sino un incremento de la personalidad; se trata sobre todo de sufrir por los demás para colmar un déficit metafísico... La liberación del dolor consiste en la profundización del dolor mismo. (p. 105).

Por consiguiente, el propósito final del sufrimiento en la existencia cristiana es la transfiguración. Las marcas del dolor corporal y espiritual, que para el mundo laico representan la ruina y la fealdad del ser, son transformadas por la gracia en signos de resurrección y en la victoria de una «segunda inocencia» post-crítica.

Conclusión. 



El estudio crítico de las fuentes bíblicas y teológicas demuestra que el sufrimiento y el dolor corporal o espiritual no constituyen el capítulo final de la condición humana, sino su terreno de prueba y purificación más exigente. Frente a la tentación de caer en el cinismo o de olvidar la vocación divina ante la dureza de la prueba, el Evangelio recuerda incansablemente el origen ontológico del ser humano en la Imago Dei y su destino de gloria en Cristo.

El dolor aceptado con humildad deshace el velo de la autosuficiencia, entrelaza la debilidad de la criatura con la omnipotencia del Creador y transforma la angustia en una profunda confianza filial. Al no olvidar sus orígenes ni su propósito trascendente, el creyente que atraviesa el desierto de la prueba descubre que las heridas del cuerpo y del espíritu se convierten en el canal a través del cual la gracia santificante transfigure la existencia, permitiéndole afirmar con el apóstol Pablo que las tribulaciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que se manifestará en la humanidad redimida.

Referencias Bibliográficas

Dostoievski, F. M. (2000). Los hermanos Karamazov (N. Ujánova, Ed.). Cátedra. (Obra original publicada en 1880).
Giménez-Salinas, C. (2011). El sufrimiento y la condición humana en F.M. Dostoievski y L. Pareyson. Pensamiento y Cultura, 14(1), 95–108. [suspicious link removed]
Giraldo Aristizábal, J. D. (2013). El pecado como deshumanización en el documento de Aparecida. Cuestiones Teológicas, 40(94), 433–455.
Grudem, W. (2007). Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica. Vida.
Montecillos, J. L. (s.f.). Cristo en el Antiguo Testamento. Editorial Vida.
Mora Calvo, H. R. (2004). Juan Pablo II: Apostillas filosóficas a su concepto de la dignidad humana. Revista Reflexiones, 83(2), 89–94. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4796442.pdf
Pareyson, L. (1995). Ontologia della libertà. Einaudi.
Pareyson, L. (2007). Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa (C. Giménez, Trad.). Encuentro.
Rodríguez Roca, J. A. (2018). La dimensión lúdica de la Cristología. Dialnet, 42(2), 85–102. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7805148.pdf
Torres Queiruga, A. (2006). La estructura fundamental de la esperanza bíblica. Pensamiento y Cultura, 9(1), 229–252. https://www.redalyc.org/pdf/1910/191017493006.pdf

OSRHES2026

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

El Evangelio de Cristo y la fundamentación de los valores humanos: Una perspectiva teológica sobre la dignidad, la pureza y la inocencia

 El Evangelio de Cristo y la fundamentación de los valores humanos: Una perspectiva teológica sobre la dignidad, la pureza y la inocencia

¿Dónde se fundamentan los valores cristianos?

Reflexionar sobre los valores humanos y su relación con el Evangelio de Cristo es adentrarse en una de las preguntas más profundas de la experiencia cristiana. En una sociedad marcada por la prisa, la incertidumbre y visiones a menudo utilitaristas de las personas, el mensaje cristiano no se limita a proponer un listado de normas morales o de buen comportamiento. Por el contrario, nos invita a descubrir una realidad vital que transforma el sentido de la existencia: nuestro valor, nuestra dignidad y nuestra capacidad de amar tienen su fuente última en la persona de Jesucristo.

En este artículo abordamos una revisión de diversas fuentes teológicas, magisteriales y académicas para dialogar sobre cómo la revelación cristiana fundamenta la dignidad inalienable de cada ser humano 1. Al reconocernos creados a imagen y semejanza de Dios (Imago Dei) 1, superamos cualquier mirada reduccionista que pretenda medir a las personas únicamente por su productividad o estatus social. A lo largo de esta lectura, examinaremos cómo la dignidad, la inocencia y la pureza de corazón se revelan no como ideales inalcanzables o ingenuos, sino como expresiones maduras de la libertad y de la gracia en nuestras vidas.


La dignidad humana: Creados y redimidos por amor:

Creados a imagen de Dios

En la tradición cristiana, la dignidad humana no es un título que el Estado otorga ni una concesión social que dependa de consensos cambiantes. Es un rasgo esencial que nace de la misma acción creadora de Dios. Desde los relatos bíblicos del Génesis, descubrimos que cada persona ha sido pensada y amada individualmente: «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Génesis 1:26) 1. Esta verdad nos recuerda que nadie es un mero objeto o un instrumento para fines ajenos 3. El Magisterio de la Iglesia ha enfatizado constantemente que atentar contra la dignidad de una persona es vulnerar esa huella divina presente en ella 3. El Evangelio del amor, la promoción de la dignidad y el respeto a la vida forman una unidad inseparable 1. Por ello, la vida humana se nos presenta, desde su inicio hasta su término natural, como un don sagrado que merece cuidado y acogida 2.



Jesucristo: Modelo de plenitud humana

Si la creación fundamenta nuestra dignidad, la Encarnación la lleva a su máxima plenitud. Como señala el Concilio Vaticano II en la constitución Gaudium et Spes, Jesucristo, al revelar el amor del Padre, manifiesta plenamente lo que significa ser humano y nos muestra nuestra altísima vocación 1. Él no solo compartió las alegrías y sufrimientos de nuestra condición, sino que vino a restaurar en nosotros la imagen distorsionada por las heridas del egoísmo y el pecado 2.

A través del Misterio Pascual, Jesús nos ofrece la gracia del reencuentro y la reconciliación 1. Al asumir nuestra naturaleza, eleva nuestra vida cotidiana y nos invita a vivir una existencia orientada al servicio, la empatía y el amor al prójimo 6.


Dimensión de la Dignidad Humana

Fundamento Teológico y Bíblico (Reina-Valera)

Implicación Ética, Pastoral y Social

Dimensión Ontológica / Protológica

Creación a imagen y semejanza de Dios (Imago Dei) en el principio (Gén. 1:26).

Respeto incondicional e irrestricto a la vida humana; rechazo frontal a la instrumentalización materialista3.

Dimensión Cristológica / Histórica

Encarnación del Verbo y Redención. Cristo como el hombre nuevo y perfecto.

Solidaridad compasiva, justificación inmerecida por la gracia; restitución de la dignidad de los oprimidos2.

Dimensión Escatológica / Teleológica

Vocación a la comunión eterna con Dios.

Promoción del desarrollo integral humano; cultivo de una esperanza que trasciende la temporalidad2.

Fe viva y compromiso social

La dignidad humana no se queda en una reflexión teórica; pide encarnarse en relaciones fraternas y en la construcción de una comunidad más justa. Como recuerda la reflexión teológico-social, el mensaje evangélico es una fuerza viva que nos motiva a actuar en favor del bien común 4.

La libertad que Dios nos otorga está llamada a desplegarse en la solidaridad y la búsqueda de la paz 4. En el ámbito del trabajo y las estructuras sociales, esto implica velar por condiciones dignas para todos 3, manteniendo siempre una atención prioritaria hacia quienes sufren marginación o necesidad 2.

Inocencia: Recuperar la confianza y la infancia espiritual



A menudo se suele asociar la inocencia con el desconocimiento o la falta de experiencia. Sin embargo, en la perspectiva evangélica, la inocencia es una actitud activa del corazón: la capacidad de mantener la confianza, el asombro y la apertura ante Dios y ante los demás, aun en medio de un mundo complejo.

De la fragilidad a la sanación del corazón

La antropología teológica nos enseña que el ser humano fue concebido originariamente en una relación de armonía con su Creador 10. La experiencia del mal y de nuestras propias limitaciones rompe esa sencillez inicial 11.

Aceptar nuestras vulnerabilidades nos acerca a la necesidad de la gracia 12. La redención vivida en la fe no nos invita a ignorar el sufrimiento, sino a encontrar en el amor de Dios un sentido de esperanza que renueva el espíritu 14.

Hacia una fe consciente y madura

En el diálogo con el pensamiento contemporáneo, autores como Paul Ricoeur sugieren que la fe madura pasa por un proceso de purificación tras cuestionar posturas rígidas o superficiales 15.

A esto se le denomina a menudo una «segunda inocencia»: no la ignorancia de las dificultades de la vida, sino la decisión consciente y confiada de abrazar el Evangelio con libertad y madurez intelectual 17.

El camino de la infancia espiritual

Jesús nos invita a una transformación profunda cuando nos dice: «De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 18:3) 18. La espiritualidad cristiana ha visto en esta enseñanza el fundamento de la «infancia espiritual» 11.

Lejos de significar una inmadurez emocional, esta actitud representa el reconocimiento de que dependemos de Dios y de su misericordia, abandonando la autosuficiencia y el orgullo 19. Vivir como hijos de Dios implica cultivar un corazón humilde, sencillo y disponible 18.

Esta disposición nos ayuda a librarnos de la vanidad y a vivir con autenticidad, abriendo las puertas a una relación sincera con Dios y con los demás 19.


Pureza de Corazón: Integridad y Transparencia

En el Sermón del Monte, Jesús proclama: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8) 21. La pureza, comprendida en su sentido bíblico y teológico, va mucho más allá de preceptos externos; es una cualidad interior que unifica nuestros pensamientos, intenciones y acciones.

Unificación de la voluntad y coherencia de vida

Tener un corazón puro significa buscar el bien con rectitud y rechazar la doblez o la hipocresía 22. Es la armonía entre lo que creemos, lo que decimos y lo que vivimos cotidianamente.

Pensadores cristianos como Romano Guardini y Jean Guitton destacan que la pureza de corazón aporta claridad a la mirada espiritual 14. Quien cultiva la intención pura aprende a valorar a los demás por lo que son y a actuar movido por el amor desinteresado 24.


Paradigma sobre la Pureza

Enfoque Académico Indexado

Dinámica Espiritual Exigida por el Evangelio

Volitiva y Moral

Integridad Ética

Unificación de la voluntad; rechazo tajante a la doblez de ánimo y al utilitarismo22.

Ontológica e Intelectual

Filosofía de la Religión

Afirmación positiva de la Verdad. La pureza como plenitud lumínica de acción14.

Evangélica y Revelada

Exégesis del Sermón del Monte

Transparencia ante Dios. La condición para "ver a Dios" (Mateo 5:8, RV)21.


Implicaciones Prácticas para la Vida Cristiana

Los valores evangélicos encuentran su verdadera medida cuando se traducen en un estilo de vida coherente y servicial 25.

Superar el utilitarismo

En sintonía con la logoterapia de Viktor Frankl, la fe nos recuerda que el ser humano posee un valor intrínseco y una vocación al sentido que no dependen de circunstancias externas o rendimiento material 26.

Reconocer este valor nos mueve a tratar a cada persona con respeto y reverencia, rechazando cualquier forma de instrumentalización 26.

Solidaridad y justicia social

Teólogos como Dietrich Bonhoeffer subrayan que el seguimiento de Cristo nos compromete éticamente con las necesidades del prójimo 29.

Como expresa la Sagrada Escritura: «Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia» (Salmos 103:6) 29. La vida cristiana se convierte así en un testimonio activo de fraterna solidaridad y búsqueda del bien común 29.

Transformación desde lo cotidiano

Un corazón transformado por el Evangelio promueve una cultura de paz, perdón y diálogo frente a la indiferencia o la violencia 32.

La educación y la pastoral cristiana buscan formar personas generosas y compasivas 20, capaces de llevar esperanza a sus entornos familiares, laborales y comunitarios 5.

Conclusiones: Vivir los Valores con Esperanza

El Evangelio de Jesucristo se presenta como una luz que renueva la comprensión de la persona humana. La fe cristiana sostiene que cada ser humano posee una dignidad inalienable por ser Imago Dei1.

En este marco antropológico, la inocencia y la pureza emergen como expresiones de madurez y libertad:

  • La inocencia es la confianza confiada e intencional en el amor de Dios Padre, una «infancia espiritual» que nos impulsa a vivir con sencillez y esperanza 11.

  • La pureza de corazón es la búsqueda sincera de la verdad y del bien, que nos libra de la apatía y guía nuestros pasos hacia un amor auténtico 21.

Así, el humanismo cristiano invita a acoger el Evangelio no solo como una doctrina, sino como un camino de vida que dignifica nuestras relaciones y nos anima a construir una sociedad más fraterna y compasiva 2.

Fuentes citadas

  1. UNA LECTURA DEL CONCEPTO DE DIGNIDAD EN GAUDIUM ET, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6166528.pdf

  2. EL PECADO COMO DESHUMANIZACIÓN EN EL DOCUMENTO DE, http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-131X2013000200007

  3. JUAN PABLO II: APOSTILLAS FILOSÓFICAS A SU CONCEPTO DE, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4796442.pdf

  4. la doctrina social de la iglesia: fuentes y principios de los derechos, https://www.redalyc.org/pdf/876/87625443006.pdf

  5. Redalyc.La idea de universidad en Juan Pablo II, https://www.redalyc.org/pdf/1910/191017966002.pdf

  6. La obediencia como consejo evangélico en la vida consagrada, https://www.redalyc.org/pdf/2911/291128598010.pdf

  7. Redalyc.La tragedia de Armero a los 20 años: trigo y cizaña, https://www.redalyc.org/pdf/1910/191017560010.pdf

  8. lA DoCTrInA soCIAl De lA IglesIA: FUenTes Y PrInCIPIos ... - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4193041.pdf

  9. Redalyc.Conferencia de Aparecida. Documento final, https://www.redalyc.org/pdf/1252/125212595002.pdf

  10. Ricardo Aldana Valenzuela - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6970444.pdf

  11. Aproximación desde la antropología infantil y la teología bíblica, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6510050.pdf

  12. angustia, libertad y pecado en 'el - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6531855.pdf

  13. bibliografía - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6302631.pdf

  14. El sufrimiento y la condición humana en FM Dostoievski y L. Pareyson, https://www.redalyc.org/pdf/701/70121403007.pdf

  15. La polémica genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5663430.pdf

  16. Nietzsche y la Hermenéutica de la Irreverencia, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1703774&orden=63486&info=link

  17. Redalyc.La estructura fundamental de la esperanza bíblica, https://www.redalyc.org/pdf/1910/191017493006.pdf

  18. LA DIMENSIÓN LÚDICA DE LA CRISTOLOGÍA. - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7805148.pdf

  19. reflexiones antropológicas y estéticas sobre la filmografía de henry, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5153052.pdf

  20. bibliografía - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6302254.pdf

  21. DE LA EXÉGESIS DE LAS BIENAVENTURANZAS A SU PRAXIS, http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-131X2013000100008

  22. bibliografía - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6302634.pdf

  23. JEAN GUITTON no es un teólogo. Mejor dicho, no es un pro - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7351175.pdf

  24. La vigencia perenne de los valores morales en la ética de Romano, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5521690.pdf

  25. una relectura de la sacrificialidad en la biblia a partir de la ... - Redalyc, https://www.redalyc.org/pdf/4095/409534420008.pdf

  26. Sobre la dignidad humana 6 - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6052094.pdf

  27. La redención terapéutica. Especulación a partir de un tema ... - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4469893.pdf

  28. La mística como experiencia analógica del ser - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4561265.pdf

  29. quien no quiere el cielo en la tierra, produce el infierno - Redalyc, https://www.redalyc.org/pdf/305/30500807.pdf

  30. Prometeo, el discernimiento de los dioses y la ética del sujeto, https://www.redalyc.org/pdf/305/30551321.pdf

  31. La protesta de Wittenberg (1517): Perspectivas teológicas desde el, https://www.redalyc.org/journal/4678/467853456001/html/

  32. EL APOCALIPSIS, UN LIBRO DE RESISTENCIA SOCIAL - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/10670727.pdf

  33. O Ateísmo - Dialnet, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3630953.pdf


El sufrimiento o pasar por dolor corporal y espiritual como prueba, no olvidar los orígenes y el propósito en el cristianismo

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