Mi herencia.
Ninguna espada herirá el alma,
Ninguna flecha escondida en la sombra prevalecerá,
para el escudo eterno del Altísimo
Guarda a los justos con magnífico poder.
Las lenguas que juzgan serán silenciadas,
Porque la verdad que en Dios está sembrada.
No hay condenación que el cielo no revierta,
cuando el Señor despierte su justicia.
Santa Herencia, Promesa Cumplida,
es la defensa en el juego duro.
No por la fuerza, ni por la voluntad humana,
pero por gracia que nunca duda.
El siervo fiel camina sin temor,
cubierto está por el amor divino.
Y aunque las armas se forjen en la tierra,
El cielo mismo los convierte en niebla.
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