En el laberinto de los días eres faro,
una brújula firme en complejo oceano,
allí donde el saber se oculta y es escaso,
Me enseñaste a mirar la paradoja,
a transitar el rigor y la locura,
cuando el ser humano se despoja
buscando en el misterio su cordura.
Recuerdo aquellos días de dialogos sapiensales,
el reto colosal que nos espera,
ese enigma vital que hago mío y acuño
como una tempestad de primavera:
"Tarea insoluble para un esclavo ya pronto condenado a trabajos forzados de galeras, será digitar el ábaco en computación del cero al infinito, entroncar números, letras y cuerpos encriptados; descifrar enredos en los tendidos de luz por truculencia del ingeniero eléctrico Azeta, émulo de Edison, dilucidar el trueque de Penélope en Odisea, y de Aquiles en doncella". (Restrepo Gabriel. 2025 Marrano Cargo. Anima Scripta 1998-2025, páginas 21-22. )
Pero a tu lado, maestro, el cero se hace puente,
y el infinito, un patio conocido.
Desatas los nudos de las mentes,
y el cuerpo encriptado es redimido.
No hay truculencia eléctrica que ciegue
la antorcha de tu verbo iluminado,
ni truco del destino que nos niegue
el orden del saber que nos has dado.
Ni el hilo de la astuta soberana,
ni el héroe que entre faldas se escondía,
escapan a tu voz, pura y diáfana,
que entronca la razón con la poesía.
Por eso alzo mi voz en estas letras.
Amigo fiel que disipó algunos de mis espantos pueblerinos,
maestro,
Que el tiempo jamás borre tus huellas,
ni el ábaco detenga su latido,
pues tú me enseñaste a leer en las estrellas
y a encontrarle al misterio su sentido.
OSRHES
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